“Se llevaron hasta los cepillos de dientes”: Hombre al que reclusos de la estación Norte le saquearon el apartamento
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Mientras que la ciudadanía piensa que el motín protagonizado el pasado 23 de julio en el Centro de Reclusión Transitoria de la Estación Norte en Santa Marta se quedó solo en agresiones entre los reclusos y la Policía, o en una consecuencia de la violación de los derechos de los procesados, la situación va más allá.
Por un lado las autoridades condenan los hechos violentos de los presos que agredieron a varios uniformados y los defensores de Derechos Humanos abogan por la legitimidad del motín, al parecer nadie defiende a las víctimas invisibles de los hechos: los residentes de los apartamentos contiguos del Centro de Reclusión.
A través de imágenes, se evidenció como alrededor de 150 reos se tomaron el techo del edificio de reclusión, pero también como tomaron potestad del edificio de al lado. Las cámaras, sin embargo, no grabaron el momento en el que violentaron las rejas de seguridad e ingresaron a la fuerza, a algunos apartamentos del tercer y cuarto piso.
A su paso, no solo dejaron quemas de colchones, destrozos y amedrantamiento contra los residentes, también los dejaron práctivamente en la calle.
Seguimiento.co ya había hecho pública la denuncia de Daniel Lara Rodríguez, quien relató que le quemaron sus colchones, les robaron sus pertenencias y obligaron a su madre y a su hermana a abandonar su propia casa.
Pero en esta ocasión, también se expone el testimonio de otra víctima de los reclusos: Aldemar Toscano. Residente del apartamento 301 y que vivió momentos de pánico al enterarse que su cuñada de solo 14 años y su madre quedaron a la merced de los hombres, que aunque les aseguraron que no atentarían contra su vida, las dejaron salir del edificio hasta después de 4 horas.
Según el relato de Toscano, los hombres dañaron las cerraduras de la vivienda para ingresar. En medio del forcejeo, las amenazas y el miedo, la menor incluso se había desmayado.
Lo primero de lo que se apropiaron fueron los colchones, que los ubicaron en los pasillos del edificio para evitar que los uniformados de la Policía lograran pasar.
Horas después, cuando finalmente llegó el Esmad y finalmente los amotinados “bajaron la guardia” y se entregaron, Aldemar pudo entrar a su apartamento. Solo para encontrar destrozos.
En su vivienda no quedó un solo electrodoméstico. Ropa, prendas, dinero en efectivo, comida y hasta los cepillos de dientes fueron hurtados por parte de los reos.
“Tuvieron tiempo hasta de bañarse y cocinar” dice, todavía indignado, puesto que a pesar de colocar las respectivas denuncias ante la Fiscalía, nada ha pasado. Ni la Policía Metropolitana de Santa Marta, ni la Alcaldía Distrital, ni la Gobernación del Magdalena se han acercado a evaluar los daños ocasionados a los ciudadanos.
Incluso, no saben si la denuncia interpuesta va a tener algún tipo de repercusión en los expedientes judiciales de los reos.
Luego de cuatro días, aún se encuentra a la merced de la solidaridad de algunos vecinos que le donaron un colchón para que pudiera dormir su suegra, una adulta mayor.
“Los colchones los tiraban en los pasillos para que la Policía no ingresara, cuando nos dieron chance de subir, televisores, abanicos, electrodomésticos, ropa, zapatos, dinero en efectivo, prendas, todo lo desvalijaron. Seguimos durmiendo en el piso y nadie se ha acercado a preguntarnos nada. Ellos nos dijeron que estaban luchando por sus derechos ¿por qué nosotros tuvimos que pagar los platos rotos?” dice Aldemar.
Asimismo, cuestiona la defensa de algunos cercanos a los reos que niegan que el motín haya sido un intento de fuga y que defienden que solo intentaban escapar del incendio producido al interior del punto de reclusión.
“Una de las mamás sale a decir que ellos no se estaban fugando, solo que el reclusorio se estaba incendiando y eso es mentira, ellos mismos lo provocaron. Se bañaron y cocinaron en mi apartamento hasta que llegó el Esmad” señala la víctima.
Mientras que la justicia para él avanza a pasos de tortuga, espera que pronto las entidades del Distrito se pongan en contacto con él y las demás víctimas para establecer ayudas. Y también, que la ciudadanía condene estos hechos que al final solo ocasionaron hechos de crueldad animal al sacarle los ojos a un gato inocente, y de paso, acabaron con el patrimonio de personas decentes y trabajadoras.
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