¿Por qué nadie nos enseñó a manejar el dinero desde niños? Colombia y su deuda con la educación financiera
La falta de educación financiera desde temprana edad ha cultivado generaciones de ciudadanos mal preparados para enfrentar los desafíos económicos de la vida adulta. Las secuelas son evidentes: baja capacidad de ahorro, sobreendeudamiento, reportes en centrales de riesgo y una visión distorsionada, incluso errada del valor del dinero. Sumado a lo anterior, no existe la confianza social suficiente para discutir abiertamente sobre las deudas, el ahorro, una inversión, el ingreso que se percibe, entre otros, ni siquiera dentro del núcleo familiar, creando con ello un silencio con profundas secuelas.
Hace unos días en medio de una conversación cotidiana uno de mis compañeros decía, ¡tengo 80 problemas en mi vida y 79 de ellos se resuelven con “plata”, pero no podré contarles sobre ellos! Esa frase me quedó grabada por días, reafirmando que el hablar de dinero no puede seguir siendo un tabú, mucho menos un tema secundario, debe tener la importancia que le merece por ser el medio de pago que usamos en nuestras transacciones diarias.
Desde la escuela se nos enseña a memorizar fechas históricas o resolver ecuaciones, pero en pocas ocasiones se nos prepara para administrar un presupuesto, para entender una tasa de interés o planear un emprendimiento. ¿Cómo podemos esperar entonces que una persona sepa cómo tomar sabiamente decisiones financieras? Las estadísticas nos confirman que hay muchos colombianos endeudados por desconocimiento, piden préstamos sin entender sus implicaciones, usan tarjetas de crédito sin medir consecuencias, asumen compromisos financieros sin un respaldo y se tiene la convicción de que si se gana el salario mínimo no se puede ahorrar o invertir. Todos estos son síntomas de una población que carece de herramientas para tomar decisiones acertadas. Hoy con más fuerza el refrán de un colega resuena en mí: “Quien no sabe administrar lo poco, no sabe administrar nada” y difícilmente podrá hacer crecer su capital, por ello la falta de educación financiera perpetúa ciclos de pobreza.
Hoy estamos llamados a romper una cadena de malas decisiones económicas. ¡Empecemos desde casa! Aprovechemos nuestros pocos o grandes conocimientos para enseñarle a nuestros niños y jóvenes cómo manejar su dinero. Pero tú, que me lees, ¿sabes cómo puedes aportar? Es sencillo, desde nuestro rol de padres, hermanos, abuelos, tíos, en labores muy cotidianas como estas:
Enseña con el ejemplo: si los adultos hablan abiertamente de sus decisiones económicas, muestran hábitos de ahorro y son responsables con el dinero, los niños interiorizan ese comportamiento.
Da una mesada con propósito: no se trata solo de entregar dinero, sino utilizarla para enseñarles a presupuestar, ahorrar, gastar, o incluso, donar.
Abrir una cuenta de ahorro infantil: hoy en día, muchos bancos en Colombia ofrecen productos especiales para niños. Al tener su propia cuenta bancaria se les da un sentido de responsabilidad y pertenencia sobre su dinero.
Fomentar metas de ahorro: anímalos a ahorrar para comprar algo que quieren, eso les enseña el valor del esfuerzo, la paciencia y la planeación.
Involucrarlos en decisiones cotidianas: llévalos al supermercado y compara precios juntos, muéstrales cómo hacer una lista de compras o explícales por qué se elige una marca sobre otra.
¿Y si además organizamos con nuestros chicos una tarde lúdica jugando Monopolio? ¿Y qué tal si le regalamos a los más pequeños una alcancía? Y sí, como padres, le pedimos prestado a los niños, ¿pero se lo devolvemos con un pequeño interés? educar financieramente a un niño no cuesta mucho, pero puede valerle toda una vida de libertad.
Por todo lo anterior, concluyo que inculcar una cultura de ahorro, enseñar a comparar precios, planear gastos, entender el sistema bancario y fomentar el pensamiento estratégico no debería ser opcional, sino parte del currículo escolar, cuya finalidad sea instruir ciudadanos capaces de tomar decisiones informadas, responsables y sostenibles. Es hora de reconocer que la educación financiera es una necesidad y como país, le debemos a las futuras generaciones una formación que les permita construir una vida con estabilidad, oportunidades y menos errores.
* Malka Zuley Torres Bravo – Contadora Pública - CEO Rentabilidad Total SAS BIC
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