Orillas: mis recuerdos y reflexiones sobre el 16 de julio | Día de la Virgen del Carmen
Hay fechas que no solo se recuerdan: se sienten.
El día de la Virgen del Carmen es una de ellas, es uno de los recuerdos más vivos de mi infancia en Plato, Magdalena; una tradición profundamente ligada a mi familia materna, a la fe de nuestra gente y a la historia de un pueblo que durante siglos aprendió a vivir mirando al río.
El 16 de julio, la fiesta pertenecía al río Magdalena.
Era el día de los conductores de chalupas, de los inolvidables Johnson, de las canoas y de todas aquellas embarcaciones que durante décadas hicieron del río la gran autopista del Caribe colombiano, pero aquella celebración no era exclusiva de quienes navegaban sus aguas; también participaban quienes vivían del movimiento del antiguo Puerto de La Champa: los ayudantes de carga, los enigmáticos «bolas de humo», los propietarios de depósitos de abarrotes, comerciantes y dueños de restaurantes que encontraban en el puerto el corazón económico del municipio.
Entre ellos siempre recuerdo con especial cariño a mi abuela, Ana Anillo, y su inolvidable restaurante La Bahía, un lugar donde no solo se servían comidas; allí también se compartían historias y se conservaba viva una parte de nuestra identidad. Cada plato era, en cierta forma, un bocado de tradición, de cultura y de los sabores que hicieron grande a nuestro pueblo.
Al día siguiente, 17 de julio, la celebración se trasladaba a la conocida Y o Round Point. Entonces, el protagonismo era del transporte terrestre.
Conductores de carros, camiones, buses, taxis y demás vehículos organizaban un multitudinario desfile por las calles del municipio. Muchos llevaban sobre sus techos, trojas o platones imágenes de la Virgen del Carmen, adornadas con flores, banderas y hasta luces propias de la navidad, mientras el pueblo entero salía a las calles para acompañarlos.
De aquellos recorridos guardo uno de los recuerdos más felices de mi niñez. Mi tío, Jaime Morón, hombre profundamente devoto de la Virgen del Carmen, nos esperaba cada año en su casa, en el barrio San José, o en su antiguo restaurante, ubicado sobre la carrera 15. Desde allí partíamos acompañándolo en su emblemática grúa, que para la ocasión se convertía en un verdadero altar rodante.
La música tampoco podía faltar. Algunos vehículos llevaban bandas o papayeras que llenaban las calles de porros, fandangos y música tradicional. Otros instalaban enormes equipos de sonido desde donde retumbaban, con mayor frecuencia, las canciones de Diomedes Díaz, otro gran devoto de la Virgen del Carmen, quien, antes de cantar, siempre parecía pedirle, como él mismo decía, «licencia».
Y cuando parecía que la fiesta llegaba a su fin, la noche apenas comenzaba. Los tradicionales castillos iluminaban el cielo de Plato, aquellas estructuras de madera cargadas de pólvora ofrecían un espectáculo que hoy permanece intacto en la memoria de muchos plateños. También allí aparece otro recuerdo entrañable: mi tío Óscar Calderón, quien acostumbraba donar cada 16 de julio uno de aquellos castillos que terminaban convirtiéndose en el centro de la celebración.
Hoy, al evocar estas imágenes, siento una mezcla difícil de explicar, hay alegría por haber crecido rodeado de una tradición tan especial, tan nuestra y tan profundamente arraigada en la identidad plateña, pero también hay nostalgia.
Nostalgia porque, con el paso de los años, muchas de estas costumbres se han ido transformando. Nostalgia, sobre todo, por el estado de abandono al que ha sido relegado nuestro río Magdalena, esa inmensa arteria fluvial por la que durante más de 400 años navegaron el comercio, los sueños, la historia y el desarrollo de Plato y de buena parte de Colombia.
Ojalá los gobiernos venideros vuelvan su mirada hacia él, porque recuperar el río no significa únicamente impulsar el transporte fluvial; significa reconciliarnos con nuestra historia, honrar a quienes construyeron estas tierras desde sus aguas y devolverles a pueblos como Plato una oportunidad de desarrollo que nunca debió perderse.
Más columnas
Andrés Duque Sierra
Cuando el Hombre Caimán se encuentre con Martín
Alberto De Luque Palencia
¿Es hora de una nueva norma sismoresistente para Colombia?
Alberto De Luque Palencia
Petrouribismo
Eduardo Vélez Soto
Santa Marta tiene sed
Lo Destacado
En Santa Marta, investigan muerte de adulto mayor dentro de una casa en La Esperanza
Aunque sus familiares intentaron brindarle los primeros auxilios y trasladarlo a un centro asistencial, el hombre ya no registraba signos vitales.
Leopoldo Rodríguez llega a la dirección del Sena Magdalena
Rodríguez Méndez es administrador de empresas y cuenta con especializaciones en Gerencia Estratégica en Negocios y Seguridad en el Trabajo.
Encontraron sin vida a Abraham, el joven desaparecido tras bañarse en Pozo Verde
Así lo confirmó su padre.
Condenan a hombre que intentó asesinar con cuchillo a su pareja sentimental en Ciénaga
Los hechos investigados por la Fiscalía ocurrieron en noviembre de 2015 en el barrio Villa Estadio.
Atacan con drones la estación de Policía de Río Viejo, Bolívar
Pese a la gravedad del hostigamiento, el gobernador Yamil Arana confirmó que no se registraron uniformados ni civiles heridos.
Descubren en Argentina restos de dinosaurio gigante
Investigadores afirman que los huesos permanecieron en el lugar por más de 200 millones de años.































