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28 de September de 2017

El NO a la mal llamada Limpieza Social

Hace unos meses escribí una historia sobre Toñito, crónica que hace parte de un libro en proceso de edición que se llama: la violencia se escribe en cuentos, crónicas e historias. También una columna para portal argentino Asuntos del Sur, bajo el título: ¿El regreso de la Mano Negra a Colombia? Los dos escritos convergen en un eje transversal: las condiciones que se dan para el retorno de la mal llamada limpieza social.

La limpieza social es un modelo que se implementó bajo el argumento falaz de protección y desde esa postura destruir lo contrario al orden social establecido por algunos. Aquí influyen tres cosas importantes: la tradición, el referente y el contexto socio –político y económico. Muy seguramente quien lea la totalidad de este escrito va a decir: ¿a este no lo han atracada o robado? Y mi respuesta es no, y claro: me aterra la idea de que eso pase y más que me apuñalen o me disparen; sin embargo y no por eso, puedo dejar de discernir sobre este elemento que hace parte de un régimen totalitario.

A Toñito lo conocí en Timayui, ese día, sobre el mediodía, veo que viene Toñito corriendo, de golpe me interesé por el niño y dejé de lado la entrevista que realizaba: era un niño afro de unos 11 años; de una sonrisa enorme –no había un ápice de maldad en su mirada-. Al llegar pidió un vaso de agua y mientras la persona que entrevistaba fue por a buscarlo, noté que se paraba sobre los extremos laterales de los zapatos. Al ver que miraba sus zapatos los levantó riéndose y la mitad de la suela no estaba: no había nada que se interpusiera entre la planta de los pies y el suelo caliente. Me dijo que no había desayunado y que tampoco había almorzado, pero que el señor de allá (señaló un cerro) le daba unas bolsitas y las llevaba al otro barrio. Le pagaba $ 5000 y con eso almorzaba él y su hermana. Salió a toda prisa corriendo por las calles hirviendo. 4 años después era un delincuente.

Hoy Timayui es uno de los barrios más violentos que tiene el distrito, pero vaya usted y visítelo: cuando llueve debe entrar casi que en una 4*4; los negocios pagan cuotas a dos grupos delictivos. Unos van por la mañana y los otros por la tarde. Tienen un sistema de vigilancia denominado sereno, que son los que cuidan el barrio y cobran semanalmente a cada casa; tiene una tasa altísima de embarazo en adolescentes; pero no lo roban: hay limpieza social. Las familias viven sujetas al paramilitarismo, el Estado es el paramilitarismo y la alcaldía cree que con hacer allí un comité barrial, con eso solucionó el problema. De hecho cree con hacer más comité barriales, que solo sirven para cumplir con el Plan de Desarrollo Distrital y que la Procuraduría no les caiga encima.   

La arquitectura panóptica del paramilitarismo, que encubó en una sociedad la violencia como mecanismo resolutorio de los conflictos, se mide desde la disminución del miedo ciudadano. En Santa Marta, se tolera más al asesino y al corrupto que al ladrón y por eso se pide para él la pena de muerte.

Revisemos tres ejemplos: el primero no tiene relación con Santa Marta pero aun así la gente lo pide a gritos: en Arjona (Bolívar) le cortaron las manos a un joven porque estaba robando. ¡Qué daño tan terrible e irreparable! Algunos decían: bien hecho, ya no vuelve a robar más y yo me preguntaba ¿Cómo va a seguir una vida normal? Y aquí surge el primer debate ¿qué buscan las personas, justicia o venganza?

Y aquí surge también el primer dilema moral: en efecto las dos (justicia y venganza) se balancean sobre una línea muy delgada y es muy fácil inclinarse por la segunda. Pero sepa usted, apreciado lector, que hay un orden constitucional establecido. Que funcione o no, es otro tema. Pero eso no le da el derecho de tomar las cosas por su propia mano. Todo lo que usted diga son solo justificaciones para apaciguar su falta gravísima.

El segundo ejemplo fue el comerciante que atracaron en María Eugenia, que luego de su indignación salió a perseguir a los delincuentes hasta atropellarlos. Esta persona muy posiblemente deba enfrentar cargos por intento de homicidio. Uno entiende la indignación, pero él no es autoridad y puso en riesgo otras vidas.

Y el tercer ejemplo y más lamentable fue el del señor que asesinaron en frente de todos. Aquí sí quiero extenderme un poco. En un Estado de derecho, la prohibición de matar rige casi de modo absoluto en tiempos de paz (y en cualquier tiempo), pero incluso en medio de un conflicto armado existe un derecho limitado a matar. Eso lo definió el DIH. El abogado alemán, Kai Ambos, -es a mi juicio uno de los mejores juristas del planeta- escribió un artículo bajo la base de un riguroso análisis legal, por el asesinato de Bin Laden; donde se concluye que se constituyó una ejecución sumaria ilegal. Incluso los peores terroristas tienen derecho a un juicio justo.

Entonces miremos el hecho puntual: un señor, cansado de las injusticias (aquí le cabe responsabilidad penal por omisión al Estado; a la Policía y el distrito) decide ir a enfrentar a quienes días antes lo habían robado –justicia a mano propia-; los jóvenes lo asesinan, de manera cobarde, sangrienta, sin ningún tipo de remordimiento y frente a un número nutrido de personas que lo único que hacen es grabar la escena dantesca; lo lapidan y lo apuñalan. La gente hace un círculo para mirar.

Esto me recuerda la danza de la muerte de los paramilitares que hacían una hoguera y la víctima corría alrededor de ella y cada uno iba apuñalándolo mientras daba las vueltas y así entre gritos de júbilo, la persona moría.

Luego de estos empiezan a hacer virales los contenidos de los vídeos sin pensar que los familiares sufren una tortura al ver eso. Personalmente no pude verlo. Si la justificación era que sirviera de material probatorio lo hubieran podido pasar a la policía. Pero no: estamos a una parte de la sociedad que se nutre del mal ajeno y se congratula con actos desmesurados de violencia. Ayer desde las instituciones hasta gran parte de las personas que estaba allí le dieron la espalda a ese ser humano que quizá dejó esposa e hijos o familiares sumidos en el dolor y en la sed de venganza. Ver el acto tan macabro hace que se pierda muy fácil la dicotomía entre justicia y venganza. Lo que decía Adam Smith en su teoría de los sentimientos morales: no hay mayor tortura para el ser humano que el resentimiento violento que no puede ser satisfecho.

Espero que la familia confié en las autoridades y que estás puedan dar una respuesta oportuna para que sus más cercanos o amigos no generen otro ciclo de violencia. El tema es que si son menores de edad aplica una normativa diferencial. Y esto es muy difícil de comprender en medio del dolor. Pero Toñito se hizo delincuente por la corrupción, por la pobreza, por la decidía, por la falta de un papá y de una mamá, por la falta de un Estado que se roba, junto a los gobiernos locales, las ayudas para los niños que viven en condiciones extremas.

En la agresión hay una frustración enorme. A lo que Dolllard dice que la agresión elimina la frustración y que esta no vuelve a repetirse hasta que los niveles de frustración sean nuevamente altos. ¿Entonces qué es lo que puede estar generado esta frustración en la sociedad samaria?

De Santa Marta podemos decir muchas cosas. Algunas de ellas discursos retóricos y, pilas con lo dice Engels, de que la políticas es el elemento histórico fundamental de la violencia porque la política en Colombia sigue siendo una réplica del populismo. No es válido a estas alturas decir es que los de antes no hicieron nada; es que los de antes, no sé qué otra cosa. No, la realidad es ahora y lo definen los hechos y los hechos nos dicen que en Santa Marta no se le ha trabajado a la cultura de violencia: ni antes ni ahora. No se ha logrado romper ese ciclo violento; no se han creado las condiciones y una cosa son los barrios centrales y otras los periféricos y rurales. O es que le parece justo que en algunos barrios la autoridad sean los ilegales.

Santa Marta está cambiando y sigue cambiando, en obras; pero en cultura de la no violencia, sigue igual o peor. Ante cualquier situación la represión; el código de policía y tal vez esa no sea la estrategia porque los atracos cada día son mayores y los robos también. ¿De qué sirve analizar los datos cuantitativos mensualmente y decir que tenemos (mas – menos) homicidios o hurtos en comparación con el mes anterior o el año anterior, si esta información no nos permite comprender las dinámicas sociales violentas? 

De modo que hay que replantear qué es lo que está pasando con la convivencia y con la seguridad, porque las próximas elecciones –ya que solo interesa el tema político- se van a definir por estas líneas. O van a tomar la postura de William Golding, en su novela el Señor de las Moscas (que recomiendo leer) y asumir que los que la sociedad y los hombres están programados genéticamente para el sadismo y la violencia y en base a esto dejar todo así.

El tema es grave y más aún cuando el paramilitarismo sigue activo y encuentra en estos espacios oportunidades. Cuando usted hace una lectura rápida de comentarios en redes sociales, se encuentra con dos cosas. La primera que hay un grupo importante que incita a la violencia, que pide a gritos Limpieza Social y lo segundo, es que ese grupo es de jóvenes, en su gran mayoría. Los que menos oportunidades reales tienen en el distrito. Y esto se traduce en impotencia y frustración. Qué va a querer una niña de 14 años tener un bebé o un joven de 17, que terminó el bachillerato, exponerse al sol todo el día como mototaxi.

La violencia es un ciclo que se debe romper y hay que generar las condiciones necesarias para hacerlo, con equidad y con justicia social; con oportunidades reales, no con comités barriales, que puede que ayuden, no digo que sean inoperantes, pero como cosa extraña son paños de agua tibia. ¿Al menos que esos tantos comités o 50 más que haga, le contengan la pasión y la frustración de los jóvenes sin oportunidades?

Lo que sí hay que rechazar de manera tajante es la mal llamada limpieza social y cualquier forma de violencia. No sé puede permitir y ojo está pasando. Detrás de ese acto hay una vida, un ser humano, un papá, una mamá o unos hermanos. Lo que sí hay que hacer es denunciar y apoyar a las autoridades y que estás se comprometan con la ciudadanía. El tema es más allá para acá que de aquí para allá (de las autoridades hacia las comunidades, que de las comunidades a las autoridades).

La gente no confía en las autoridades (deberían preguntarse el porqué) y ante actos como los ocurridos mostrar que la justicia opera y funciona. La sociedad samaria debería salir a marchar, por la honra del asesinado y para decirle a las autoridades: actúen con rapidez y eficacia y preguntarle al distrito qué va a hacer. Aunque leí por ahí que van a hacer más comités barriales.            

  

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