El agua de los ríos que descienden de la Sierra Nevada de Santa Marta está siendo monopolizada por grandes fincas de banano y palma africana en la zona norte del Magdalena, afectando a las comunidades que se abastecen en las partes bajas, los pequeños productores y el equilibrio ecológico de la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Por Paola Benjumea Brito

La Ciénaga Grande de Santa Marta, declarada humedal Ramsar en 1998 y reserva de la biosfera por la Unesco en el 2000, es la laguna costera más grande y productiva del país, cuyo equilibrio ecológico depende del intercambio entre el agua dulce, que ingresa del río Magdalena y los ríos que bajan de la Sierra Nevada de Santa Marta, y el agua salada que trae el mar Caribe.

La doctora en Ecología y Medio Ambiente y decana de la Facultad de Ciencias Básicas de la Universidad del Magdalena, Sandra Vilardy, explica que si bien el río Magdalena es el que más agua dulce aporta al complejo lagunar a través de los caños Aguas Negras, Renegado y Clarín, la calidad del agua de los ríos Fundación, Aracataca, Tucurinca, Sevilla y Frío es mayor y por ser corrientes frías, con más oxigenación y velocidad permiten la dilución de los sedimentos, además, evitan la salinización de los suelos y los sistemas acuáticos.

No obstante, estos cinco ríos no están llegando con los caudales suficientes a la Ciénaga Grande, sobre todo en las épocas de sequía, debido a la instalación de talanqueras para intentar desviar sus cauces y a la captación ilegal de sus aguas por fincas de banano y palma africana que la usan para el riego de cultivos, lo que genera no solo afectaciones ambientales, sino sociales.

En Bocas de Aracataca, pueblo palafito ubicado en la desembocadura del río Aracataca, los pobladores que en febrero del 2000 fueron desplazados por la violencia paramilitar, hoy padecen por la falta de agua y comida.

El alcalde de Puebloviejo, Wilfrido Ayala, ha denunciado desde 2016 a siete fincas por la construcción de talanqueras o diques artesanales, con sacos de arena y palos, y de canales artificiales para desviar el agua de los ríos Aracataca y Tucurinca, con el fin de conducirla hacia sus predios, dejando sin el líquido a Bocas de Aracataca y, de paso, a la Ciénaga Grande.

Aunque la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag) les ha abierto procesos sancionatorios a los propietarios de la mayoría de estas fincas, a la fecha ninguno ha concluido, pese a la reincidencia en las infracciones ambientales.

En el municipio de Zona Bananera, uno de los mayores productores de banano y palma africana en el Magdalena, se registra un conflicto por el uso del agua. Campesinos de la zona denuncian que los dueños de grandes fincas, ubicadas en las partes altas, desvían el agua de los ríos Frío, Sevilla y Tucurinca, con el fin de direccionar el caudal hacia sus bocatomas y los reservorios que han construido en sus predios para almacenar el líquido.

Pese a que hay tres distritos de riego, administrados por asociaciones de usuarios, que se encargan de distribuir el agua de estos ríos entre pequeños, medianos y grandes productores, algunos afiliados dicen que la prioridad la tienen las fincas con mayor extensión de tierra, incluso acusan a sus propietarios de poner celadores en las compuertas de los canales de riego para evitar que el agua corra hacia los predios más pequeños.

Por su parte, los gerentes de los distritos de riego aseguran que la distribución se hace de acuerdo con la disponibilidad de los ríos, cuyos caudales bajan en las temporadas de sequía, y que las causas para que algunos usuarios no reciban el servicio son la falta de mantenimiento de los canales de riego y que no estén a paz y salvo con sus pagos. Además, denuncian que algunos que no son usuarios o están morosos, también ponen talanqueras en los canales de drenaje para robarse esta agua que, al final del camino y después de regar las cosechas, debe llegar a la Ciénaga Grande.

Al conflicto por el uso del agua para la agricultura se suma el hecho de que las concesiones otorgadas por Corpamag se autorizan con base en unos estudios de regulación de los ríos que están desactualizados, cuyas mediciones de los caudales hasta el año pasado se estaban haciendo solo en la parte alta, por lo que la información existente no solo es incompleta sino poco confiable.

Vilardy, una de las investigadoras que más ha estudiado la Ciénaga Grande, afirma que al complejo lagunar le faltan datos actualizados sobre su funcionamiento hidrológico y una mejor gestión ambiental, lo cual debe ser priorizado por el Gobierno Nacional, más ahora que fue incluido en el Registro Montreux, un listado que cobija a los humedales que necesitan una atención prioritaria, acatando la recomendación de la Misión Ramsar de Asesoramiento tras su visita en agosto de 2016.

Igualmente, advirtió que es necesaria “una acción decidida del Estado, la Fiscalía y la Fuerza Pública para ‘liberar’ el agua de estos ríos que está ‘secuestrada’ por la falta de ordenamiento de las cuencas y las acciones ilegales”.

Ante este panorama y la alta probabilidad de que el fenómeno del Niño se presente, según los pronósticos del ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Ricardo Lozano Picón, y el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), lo cual reduciría considerablemente los niveles de los ríos que bajan de la Sierra Nevada, si no se toman medidas urgentes el conflicto por el uso del agua y las consecuencias que esto conlleva están lejos de resolverse.

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¿QUIÉNES SE QUEDAN CON EL AGUA DEL RÍO ARACATACA?
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EL CONFLICTO POR EL AGUA EN ZONA BANANERA
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