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17 de October de 2017

A propósito de las cifras en seguridad y las tendencias con las que muchos se ufanan

Partamos del hecho de que las ciencias estadísticas son necesarias y son útiles para comprender y medir los fenómenos violentos. Estos dos verbos (comprensión y medición) deben llevar a la acción que implican y a las decisiones que se deban tomar; de lo contrario, son solo retorica para confundir a los incautos y apaciguar, por no decir que ocultar, una falencia que debió ser determinante para evitar el delito. En ciudades pequeñas como Santa Marta no se puede caer en la dialéctica de quien contó bien y quien contó mal las cifras porque se vuelve tenso, tendencioso y se politiza el asunto: se aleja del delito que en últimas es lo que importa, y los muertos, y los delitos, no son solo números.

En los temas de seguridad son importante cuatro cosas: la percepción, los fenómenos delictivos, las tendencias y los números. Todo esto se da en espacios sociales donde se confrontan dinámicas cotidianas que pueden llegar a ser violentas. Miremos cada una de ellas.

La percepción es equivalente al sentimiento de miedo inducido; por ej.: me enteré de un suceso violento en un barrio que no frecuento –a mí no me pasó-; tampoco conozco las condiciones de modo, espacio y tiempo en que se dio el hecho, pero esa situación sumada a otras similares, hace que piense y sienta que el sitio es inseguro. Puede que sí lo sea o puede que no, pero ya tengo una construcción mental del delito, en relación con un espacio que me hace sentir inseguro. Los fenómenos delictivos siguen más a una tesis colectiva del delito: son diferentes de la macrocriminalidad, como el paramilitarismo y el narcotráfico. Los fenómenos delictivos son particularmente emergentes y obedecen a otro tipo de dinámicas, por ej.: conductas de jóvenes asociados a barras bravas.

Las tendencias, -que permiten medir flujos-, como en el caso del hurto y el robo se mueven en espacios de tiempos: por ejemplo, temporadas de turismo y se hacen visibles por la cantidad notable de víctimas que producen sus delitos. Luego vienen los números, que es con los que muchos se ufanan.   

El tema de llevar un control estadístico básico de cualquier indicador no es complejo, solo hay que tener en cuenta ciertas fórmulas matemáticas sencillas. El primer paso es organizar la información, agruparla, aplicarle las fórmulas que corresponda; y el segundo, interpretar las cifras, analizarlas comparándolas en el tiempo –semanas, meses, años, temporadas-, en el contexto local y hacer comparaciones con otros territorios –departamental, regional, nacional e internacional-.

Para los homicidios que ocurren en Santa Marta se debe contar con la totalidad exacta de los hechos, lo cual permitirá: comparar el mes objeto de análisis con meses anteriores, con el mismo mes de años anteriores, un semestre con el que le precedió o un periodo de tiempo del año actual con el mismo periodo del año anterior, todo esto depende del propósito del análisis y se hace con información de la misma ciudad –análisis estadístico local-; este proceso de igual manera se hace con otros delitos. Lo otro que se debe hacer con las cifras es determinar la tasa de cada delito,  aquí se debe tener en cuenta un factor importante para cada uno de ellos, a saber: lo primero es tener en cuenta que la tasa se calcula por año y en ese sentido se debe conocer la población total para el año del que se quiere calcular dicha tasa.

Lo segundo es que para el caso de los homicidios y los hurtos a personas la operación matemática se calcula por habitantes –esta información es fácil de conocer por medio del Dane-; para los demás delitos cambia el tipo de población, es decir, para hurtos de motocicletas se debe conocer el total de motocicletas registradas en una ciudad, para los hurtos de autos, a viviendas, a establecimientos comerciales se debe conocer el total de autos, viviendas y establecimientos de comercio que tiene una ciudad y sobre esa información calcular las tasas para cada delito.

Para sacar solo tasa de homicidios de mujeres, solo de hombres, solo de jóvenes  (hombres y mujeres) se debe trabajar con el total de cada población: total de mujeres, hombres y jóvenes. La fórmula para calcular esta tasa es: tasa de homicidios= (NTH/PT) × 100.000 habitantes. (NTH: número total de homicidios. PT: población total). En este punto el lector puede tener una idea cuando le hablan que tenemos una tasa de 18 homicidios. Es decir que por cada 100.000 habitantes nos han matado 18. Santa Marta tiene alrededor de 500.000 habitantes.   

Eso quiere decir que no vamos bien, aunque estuvimos peor (2012. 49,1) (2013. 41,1) (2014. 20,4) (2015. 17) y  (2016. 18). La tasa de los últimos dos años indica una tendencia en aumento, que aunque se pueda ver como pequeña, esta cifra por sí sola, da para cambios de mando y quizá de alguna gurú de la seguridad.

Pero paremos los números -porque si ese es mi único resultado en seguridad; (que puedo acomodar a mi antojo) tengo un referente mediocre; dejémoslo ahí y miremos un poco los fenómenos. Hay que partir de un concepto básico: la no denuncia de los delitos no implica la ausencia de los mismos. En la ciudad el tema extorsivo está disparado; siempre lo ha estado, pero este año, particularmente, ha alcanzado niveles alarmantes y si se revisan las estadísticas casi podemos decir que está controlado el tema. Lo mismo ocurre con hurtos y robos. Cuando se hace un sondeo se encuentra que solo un porcentaje muy bajo denuncia y en efecto, los que salen, son aquellos que se dan en flagrancia. Entonces, va usted y mira qué está ocurriendo y se da cuenta que la plata de la seguridad se va para gasolina, cámaras y recompensas y mira también la debilidad institucional: inspectores de policía sin sedes, sin computadores, sin ninguna herramienta para trabajar y, pondere el siguiente ejemplo: una persona –que no voy a decir el barrio-, hizo una denuncia de extorsión y en efecto hubo captura. Dos años después el tipo sale y en la noche va y lo mata. ¿Quién dio el mensaje más contundente, la justicia y los organismos de seguridad o el delincuente? Y esta información sí que se riega rápido.

El inspector de Guachaca es el paramilitar de turno porque desde que capturaron a la inspectora por presuntos vínculos no se ha logrado poner a alguien más en ese puesto. Se nombró a uno, pero solo va un día a la semana siempre y cuando no tenga operativos en la ciudad. ¿Entonces a quién le está faltando proyección? 

La primera autoridad del distrito es el alcalde, comparte esa responsabilidad con otros organismos, pero es sobre el que recae la responsabilidad: los ciudadanos no votaron por el comandante de Policía ni del Ejército, votaron por el alcalde y esto no se puede perder de vista porque el alcalde está en la obligación de dar tranquilidad y garantizar la seguridad a los ciudadanos. Cuando ocurre un hecho violento de gran impacto es a quien le toca dar la cara, por lo tanto se debe partir de la base de la independencia. No es válido el cuento de hagámonos pacito o que entre bomberos no nos pisamos las mangueras porque eso es de personas pusilánimes.  

Todos queremos una ciudad segura, compuesta socialmente, prospera y habitable. Se va avanzando; sin embargo, la seguridad no ha sido imperativa. Hay estudios importantes que nos dicen cómo está el fenómeno; cómo se puede atacar; cómo está caracterizado. Estudios importantes que dan cuenta de los vínculos y el sesgo que lo ha definido. Pero algo está pasando entre esos estudios (que son una fortaleza) y la aplicación.

La pasada comandante de policía se fue sin decirle a la sociedad samaria ¿qué pasó con los homicidios de alto impacto en la ciudad? ¿Si su comandante de la Sijin., era o no de los Urabeños? ¿A dónde fueron a parar las 260 armas desaparecidas del comando? ¿Qué pasó con las tres mujeres asesinas en Timayui?

El fondo puede ser confidencial, es posible: pero ¿cómo está el tema de sentencias condenatorias frente a denuncias o sentencias condenatorias frente a procesados? Para citar solo un ejemplo, de los más de 200 capturados como presuntos integrantes de bandas criminales, en su totalidad están libres y ninguno llegó a una sentencia condenatoria. ¿Impunidad? ¿Falta de pruebas? ¿Ausencia de delito? ¿Corrupción en la justicia? Lo otro que hay que preguntarnos, como ciudadanos ¿Por cuánto nos salió la chanza?

Alcalde, si me lee, que lo dudo mucho, le informo que me he dado a la tarea de escribir sobre algunos temas en Santa Marta no para atacar, ni a la ciudad, ni al distrito, ni al gobierno; aunque algunos (as) así lo consideren. Escribo porque siento que si algo está funcionando mal es deber enunciarlo: de modo que, inspirado en la obra del danés Hans y en su obra, el traje nuevo del emperador, si usted sale encuero yo le diría que está desnudo.

Finalmente, parafraseo a Vicente Enrique y Tarancón –quizá el único cardenal que he leído- y una obra interesante que se llama Confesiones, que surgió por allá cuando la iglesia católica estaba más unida al Franquismo que a los fieles. Aunque siga igual en todo el mundo. El texto dice, y es a modo de reflexión, que los hombres tienen derecho a la verdad y que deben ser corregidos y castigados los que falseen conscientemente la información y presenten tendenciosamente las noticias. Dice el cardenal presbítero que es un arma ilícita. Y sigue, pero esto si lo pongo textual: ni aún para una causa que se considere justa o para una solución política o económica que se juzgue conveniente puede utilizarse el fraude, la mentira, la calumnia que es tan violenta como la violencia brutal que toda conciencia honrada condena. La calumnia es ilícita. También lo es la adulación. La mentira es inadmisible sea cualquier el fin que se proponga. También lo es la verdad a medias que puede ser admitida más fácilmente que el destello de verdad que encierra, pero que, en definitiva, engaña y desorienta. 

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